JUDAS EN VILLARDEFRADES, AÑO 2009

 

        Hola chicos, soy  Judas, bueno en realidad soy una representación del Judas histórico.

      En el pueblo de Villardefrades, en la provincia de Valladolid, todos los años, el  Domingo de Resurrección me colocan en  el medio de la plaza mayor, al lado de la Iglesia de San Andrés, que ellos llaman “La Obra”, y allí me dejan toda la mañana a la intemperie, y les da igual que llueva, que nieve,  que haga frío  o calor, allí me dejan para que me vea todo el mundo.

         Este año cumplo 70  tacos y  me encuentro como un chaval. Para poneros al día os voy a contar un poco mi historia: En mis primeros años, me “fabricaban” con un mono de trabajo que llenaban de hierba alta y seca hasta conseguir  que engordara mucho me colocaban en una de las dos acacias que había enfrente de  la casa del “Pirule”, al lado de la fuente y allá me colgaban  con una soga grande y fuerte no me fuera a escapar ,y me colgaban un letrero que rezaba: “POR TRAIDOR Y MALO TE COLGAMOS DE ESTE PALO”.

          Después de los años 50 el señor Pirule y su familia, me colocaron  en un palo tieso al que me ataban por la espalda para que se me viera alto y guapo, y era el mismo Pirule el que me “mataba” después  del encuentro de la procesión y de los cánticos de las coplas de Resurrección.

          A mediado de los años 60 cogieron el relevo  el Sr. ILDE  y la Sra. ELO , que era básicamente la que me hizo durante más de 40 años con cariño y  amor, cambiándome todos los años la cara y poniéndome guapo como un pincel, cada año con  ropa limpia y distinta. En los 80 me hicieron casi de verdad. En la escuela, bajo la dirección de D. Venancio y con la inestimable ayuda de todos los chicos de la escuela, especialmente Alberto, Orlando, Jorge,  Fonsi y sobre todo Ángel de Castro,  fue el que sirvió de modelo, me “hicieron” con un armazón de alambre duro, y  la cabeza aparte como si fuera un maniquí  y así me ataban la cabeza al cuerpo y cuando me daba el Sr. Ilde los tres tiros, se me desparramaba por el suelo y el  alboroto de los niños y el pueblo en general era enorme….Ay, es que uno siente nostalgia, porque como me mataba el Sr. Ilde no me  mata nadie….

         Y así  aguanté  20  o 25 años, todos los años uno tras otro sin fallar ninguno. La  Sra. Elo el sábado después de comer, y  antes de ir a los Santos Oficios, me colocaba hábito limpio y se disponía a  fabricarme una cabeza nueva refunfuñando porque decía que todos los años el Sr. Ilde podía apuntar mejor al pecho y dejar la cabeza sana para  que me valiera para otro año. Pero nada, él decía que la gracia era volarme la cabeza; si supiera la gracia que me hacía a mí…

Le ayudaban  siempre alguno de los hijos, sobre todo el pequeñín, Maurito, que aunque casi no llegaba a la mesa, allí estaba hociqueando y preguntando qué podía hacer, ayudando en lo que podía o estorbando la mayor parte de las veces, pero siempre con buena intención.

           No solo me hacían la cabeza, también alrededor del  cuello una bufanda o como dicen ahora, un foulard,  para ponerme guapo y también para tapar una bolsa de agua con pimentón que me ponían atada al cuello, para que al dispararme saliera un líquido que parecía sangre, y es que estos Villarejos daban a la ceremonia un realismo como en las películas. También me adornaban el cuello con un collar hecho con unas cáscaras de huevos atadas con un cordel, barato si que era, sí,  es que os quejáis de la crisis,  crisis ha habido siempre, sobre  todo en casa de los pobres.

       Eso sí, cada  año tenía traje nuevo y camisa limpia, no sé cómo se las apañaba la Sra. Elo, pero todos los años iba a la ceremonia como un pincel.

        Y todos estos años, casi 45, siempre me mataba el Sr. Ilde, no fallaba nunca,  no se ponía enfermo ningún año, lloviera, hiciera viento, sol nubes y claros o borrasca fuerte, y siempre seguía el mismo ritual; A las 7 de la mañana y antes de ponerse a ordeñar, acababan de  hacerme los remates en la cara y el cuerpo, y me llevaban  a la plaza, enfrente a la casa de Alejandra y Emiliano, al agujero de  judas, que estaba preparado de cuando asfaltaron las calles, y allí Maurito, subido en la mesa, siguiendo las indicaciones  de su madre, me daba los últimos  remates. Luego me dejaban allí para que me viera todo el pueblo y hasta los forasteros que pasaban paraban el coche y  me hacían fotos.

            A eso del mediodía todo el pueblo reunido en la iglesia, salía en procesión, las mujeres con  la imagen de la virgen  en andas tapada por un velo, porque debe ir de luto por que ha perdido el niño, iban por la calle de  Antonio y Goya, subían por la calle de La Morena, Laureana y Julián, del Sr. Ilde  la Sra. Elo, Hector y María, de Teodosio y Paca, de José Luis y Carmen hasta llegar al punto de partida de los cánticos, a los pies de Judas, en la esquina de Eustaquio y Chonita, y ahí esperaban la llegada de la otra mitad del pueblo, la masculina con el  niño.

            Por el otro lado salían de la iglesia, el niño, en andas llevado por la gente menuda, por la calle  de Florencio de   Avelino y sus hermanos, seguían en dirección al bar de Andrés doblaban por la casa del Sr. Casto y de su hija Pilar, pasaban  la farmacia de doña Manolita, la casa de Antolina y de Jesús el malagueño, de José “caponero” y llegaban a casa de Pepe y Fortina. Ahí paraban y empezaban a cantar las coplas de Resurrección, hacían tres aproximaciones y cuando la virgen encontraba al niño perdido, el Sr. Ilde me pegaba tres tiros: el primero, al aire, para quitarme el gorro, sombrero o lo que me hubiera  adornado la Sra. Elo; en realidad era para  que los niños dijeran:

-“¡Huyyy!, falló. El Sr. Ilde se está haciendo mayor”.

Pero de eso nada. Era para que me confiara porque el segundo disparo era  en el corazón, más cerca del cuello, para que brotara la sangre, y corriera,  manchara la camisa, y el tercero, en el que me volaba la cabeza literalmente, me dejara sin ideas, y antes de que me repusiera, venían los  niños me golpeaban hasta sacarme del agujero con palo y todo y  me arrastrasen de vuelta hasta la panera del Sr. Ilde, entre el jolgorio el pueblo de Villardefrades y visitantes en general, y allí pasara al olvido, hasta el año siguiente.

        Hacia los años 80, Maurito, el niño que hacía a Judas y que no llegaba a la mesa, ya crecidito, empezó a leer una poesía que había confeccionado para la ocasión el insigne maestro del pueblo, D. Venancio Martín, maestro leal y paciente, que lo fue. Y  ahí sigue 25  años después, leyendo la poesía y diciendo los chascarrillos propios para goce del personal, que disfruta, vaya si disfruta, antes de comenzar los cánticos.

          A día de hoy en los 2000, siglo nuevo vida nueva. La Sra. Elo  ya no está  y el relevo lo cogió el Ayuntamiento, que es el que se encarga de mi manufactura, bajo el mandato de D. Jorge de Castro, y la ayuda de Rosario, Marcos y Fernando, y los matarifes Luis, Florencio, Marcelino y este año Carlos, pero que no se me enfaden ninguno de ellos, pero como me mataba el Sr. Ilde, no me ha matado nadie.

     Y esta es mi vida señoras y señores,  los Villarejos me ven como el malo más malo de la historia, se desahogan conmigo, dicen que matándome purgan todos sus pecados y yo pienso como Obélix, están locos estos Villarejos.

 

 

 

 

       MAURO PÉREZ AGUADO  es el que escuchó  a Judas  e hizo de escribiente fiel, en Villardefrades siendo el día 15 de abril de 2009.